En Argentina ya se realizan cinco angioplastias por hora.

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Equivale a mil procedimientos cada un millón de personas. Y el objetivo es llegar a 1500. La técnica apareció una década después de que René Favaloro inventara el bypass y se expandió velozmente por ser poco invasiva y de rápida recuperación.

Este año se cumple el 40° aniversario de la primera angioplastia transluminal coronaria (ATC) que desarrolló el médico alemán Andreas RolandGrüntzig en Zúrich, Suiza. A ese hito se le sumó, años después, el aporte de un argentino, Julio Palmaz, que fue quien desarrolló el primer stent aprobado por Estados Unidos y significó un crecimiento exponencial de las angioplastias en todo el mundo. Hasta ese momento, las intervenciones coronarias se realizaban “a cielo abierto”, abriendo el esternón. Y para las obstrucciones en las arterias coronarias se recurría al bypass, hito conseguido diez años antes por el doctor René Favaloro. “Pasamos de abrir el pecho con un serrucho a un pinchazo en la pierna o en la muñeca”, grafica el doctor Alejandro Cherro, presidente del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI).
El doctor Luis de la Fuente, director del servicio de cardiología intervencionista del Instituto Argentino del Diagnóstico y Tratamiento (IADT) y de la Suizo, que trabajó palmo a palmo con Favaloro y también participó del nacimiento y crecimiento de la angioplastia, define en pocas palabras el aporte de la Argentina en la materia: “La cardiología argentina tiene pantalones largos, es respetada y considerada en todo el mundo”. Y destaca: “Favaloro demostró que la mejor medicina para la isquemia cardíaca es volver a darle sangre oxigenada”. Eso se logró, primero con el bypass coronario desarrollado por el médico argentino, y diez años después con la angioplastia coronaria.
Poco a poco, la angioplastia fue avanzando, impulsada por el hecho de ser mínimamente invasiva, tener una menor mortalidad (0,5 a 1%, contra el entre 3 y 4% que tiene el bypass), menos tiempo de internación y la rápida recuperación del paciente. En los últimos siete años el número de angoplastías creció un 40%, pasando de 700 intervenciones por millón de habitantes, a cerca de 1.000 por millón. El objetivo es llegar a 1.500 angioplastias por millón. El bypass se sigue utilizando, pero para casos más específicos: se realizan entre 150 y 170 por millón de habitantes.
La angioplastia consiste en introducir un catéter a través de una punción que se realiza en una arteria de la ingle (vía femoral) o en la muñeca (vía radial). Con el catéter se accede al sistema vascular arterial y se va “navegando” hasta las arterias coronarias. Con la ayuda de una sustancia de contraste, se puede ver con ayuda de rayos X dónde se encuentra la obstrucción (una coronariografia, otro hito de la medicina que permitió encontrar las obstrucciones) y se procede a liberar esa arteria. En el 85% de las angioplastias se coloca además un stent, un dispositivo metálico parecido a un “rulero” que mantiene la apertura que necesita la arteria para que fluya la sangre.
“La angioplastia es un procedimiento mínimamente invasivo, que tiene mucho menos riesgo que una cirugía porque no hay que abrir el pecho ni requiere circulación extracorpórea, lo que hace que sea mucho más fácil y con menos complicaciones. Ni hablar de la rehabilitación, los pacientes suelen recibir el alta 24 horas después de la intervención”, añade Cherro.
Precisamente, lo poco invasiva y la rápida recuperación, hacen que muchas veces el paciente no sea plenamente consciente del riesgo que pasó. “Uno de los problemas de la angioplastia, al ser poco invasiva y con el 80% de los pacientes que se van a su casa el mismo día, es que no se terminan de convencer de la gravedad y que no es curativo. La angioplastia no cura, la enfermedad es de todas la arterias del organismo”, explica el doctor Oscar Mendiz, director de cirugía cardiovascular de la Fundación Favaloro.
La angioplastia está indicada en diferentes situaciones: la primera es el infarto agudo de miocardio. Para ello están las redes de derivación, que sirven para salvar muchas vidas. También se suele indicar en casos de síndrome agudo de dolor de pecho (preinfartos). “Por lo general es alguien que va a la guardia por un dolor y se le realiza una angioplastia en el momento”, añade Mendiz. Otras dos situaciones en que se puede indicar es por dolor de pecho crónico, y también en pacientes que presentan múltiples lesiones en las arterias. “Se indica no tanto por la gravedad de la obstrucción si no por la cantidad de lesiones”, agrega el especialista.
En la Ciudad de Buenos Aires funciona la Red Infarto que trabaja en coordinación con el SAME y con las unidades coronarias de 12 hospitales. Cuatro hospitales (Argerich, Fernandez, Duran y Santojanni) cuentan con el equipo de hemodinamia y realizan las angioplastias coronarias a los pacientes que por lo general llegan transitando un infarto. “Atendemos unos 1.000 infartos por año. Nuestro objetivo es llegar a atender entre 2.000 y 2.500”, explica el doctor Alejandro García Escudero, jefe de Hemodinamia del Hospital Argerich y coordinador de la Red Infarto, que arrancó en 1999 en la Ciudad y durante 14 años fue la única del país. Actualmente hay otras similares en Mendoza, Rosario y Tucumán.
“Hacemos un trabajo coordinado que comienza con la persona que está en su casa, le empieza a doler el pecho, tiene sudoración y pide ayuda. Pero, el promedio de tiempo hasta llamar al SAME o ir al hospital es de 75 a 80 minutos” , describe el especialista. En este tipo de intervenciones, cada minuto cuenta y es clave para poder salvarle la vida al paciente y que tenga mayores posibilidades de sobrevida. Se estima que a la angioplastia llega entre el 40 y 50% de los pacientes infartados.
“No hay ciudad mayor de 150 mil o 200 mil habitantes que no cuente con una sala y un equipo de profesionales preparados para actuar. La expansión de la especialidad a hospitales públicos hizo que pacientes de bajos recursos fueran tratados con la más alta calidad médica. Estas políticas son determinantes para la rápida atención de las afecciones coronarias de la población en general”, aseguró el doctor Omar Santaera, médico especialista en Cardioangiología Intervencionista.

Fuente: www.clarin.com